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Los ciclones que dejaron huella en República Dominicana.

Yasmin Germán De León

UBICACIÓN

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20/07/2026

HORA

02:48

Las aguas cálidas del Caribe, junto con la particular ubicación geográfica de la isla, han colocado una y otra vez a la República Dominicana ante el paso directo de fenómenos naturales de gran intensidad.

Desde hace décadas, huracanes y tormentas han impactado no solo la geografía, sino también la vida cotidiana y la economía nacional, imponiendo desafíos extraordinarios y forzando al país a prepararse cada vez mejor.

Huracán San Zenón (1930)

Aquí, se identifican los episodios climáticos más significativos que, por su intensidad y daños, han dejado una marca imborrable en la memoria colectiva del país.

¿Por qué la República Dominicana es tan vulnerable a los ciclones?

La vulnerabilidad dominicana frente a los ciclones ha ido fluctuando desde los años ochenta, aunque, francamente, el riesgo se mantiene elevado por su misma ubicación.

RESACA DE LA TORMENTA NOEL

El país, al estar cerca de rutas tradicionales de huracanes, ha visto cómo factores globales, como los eventos de El Niño y La Niña, afectan el desarrollo de estos potentes sistemas meteorológicos.

Además, la mayor frecuencia e intensidad de ciclones en tiempos recientes ha sido atribuida, casi siempre, al calentamiento global y al aumento de la temperatura superficial del mar en la región.

Condiciones climáticas que favorecen las tormentas

Al analizar cómo estas poderosas tormentas se acercan a la isla, hay determinadas condiciones climatológicas que se repiten año tras año. De hecho, durante la temporada ciclónica, el escenario puede volverse propicio para el desarrollo e intensificación de amenazas, principalmente por la aparición de:

  • Extensas áreas de aguas superficiales cálidas, con temperaturas superiores a 26°C, que proveen el “combustible” necesario para que los ciclones se fortalezcan sobre el Atlántico y el mar Caribe.
  • Una baja cizalladura vertical del viento, fenómeno que ayuda a organizar y mantener la estructura de los ciclones, facilitando así que pasen de tormentas a huracanes.
  • Una situación geográfica en pleno eje de los vientos alisios, por lo que sistemas que nacen en África tienen vía directa sobre el archipiélago, cruzando de este a oeste el territorio.

Resulta claro que la mezcla de estos ingredientes convierte cada año a la isla en un objetivo potencial para ciclones potentes.

El devastador paso del huracán David en 1979

No se puede hablar de fenómenos extremos en República Dominicana sin mencionar el evento del 31 de agosto de 1979. El huracán David, que alcanzó la peligrosa categoría 5, impactó primero la costa de Azua para luego atravesar las regiones sur y centro.

Este ciclón, con ráfagas que fácilmente superaron los 230 km/h, dejó en su camino lluvias intensas, inundaciones y una secuela de daños cuya magnitud todavía impacta el relato nacional.

Daños causados por el ciclón David 1979

Consecuencias inmediatas en la población y el territorio

Las cifras oficiales mostraron lo grave de la situación: cientos de miles de dominicanos afectados. En varias zonas, como Santo Domingo y localidades del sur, los desbordamientos de ríos y cañadas obligaron a numerosas familias a refugiarse en lugares improvisados, desde iglesias, pasando por escuelas, hasta edificios estatales. La respuesta fue titánica, pero a todas luces insuficiente para enfrentar una crisis que dejó expuesta, especialmente en barrios vulnerables, la precariedad de muchas viviendas y la fragilidad social que se vivía entonces. El acceso a agua potable y alimentos fue especialmente crítico en los días posteriores, acentuando la emergencia humanitaria.

¿Qué infraestructuras sufrieron los mayores daños?

  1. El sistema eléctrico fue prácticamente destruido en gran parte de la isla, lo que paralizó actividades esenciales durante semanas.
  2. Vías terrestres como carreteras, puentes y caminos rurales resultaron intransitables o colapsados, dificultando incluso la llegada de ayuda.
  3. Las redes de acueducto y alcantarillado sufrieron daños severos, dejando sin agua a una enorme cantidad de habitantes en áreas urbanas y rurales.
  4. El sector agrícola fue otro de los mayormente castigados, ya que se perdieron cosechas completas, sumiendo a muchas familias rurales en la incertidumbre y agravando la escasez alimentaria y la recesión económica.

Como se puede ver, el efecto fue tan fuerte sobre la infraestructura que tomó mucho tiempo restablecer los servicios básicos y la actividad productiva.

Los estragos imborrables del huracán Georges en 1998

Después de dos décadas, en septiembre de 1998, el país volvió a estar bajo asedio meteorológico. El huracán Georges, al alcanzar la categoría 4, arrasó varias regiones entre los días 22 y 23, dejando tras de sí daños extendidos, lluvias copiosas y un complejo panorama de recuperación que requirió esfuerzos coordinados en todos los frentes.

Una crisis humanitaria y económica sin precedentes

En este episodio, prácticamente no hubo rincón del país que no sintiera la fuerza del agua y el viento. Los ríos y arroyos desbordados convirtieron en islas temporales a decenas de comunidades aisladas, haciendo imposible por varios días el acceso a servicios básicos. Las problemáticas sanitarias no se hicieron esperar, con brotes de enfermedades transmitidas por el agua y colapsos en los sistemas de potabilización y eliminación de aguas residuales. Sin duda, la escala de los daños transformó la gestión de crisis en el país.

Para dimensionar el efecto de estos huracanes de gran impacto, a continuación se presenta un resumen comparativo:

Huracán Año Categoría máxima Principales zonas afectadas Impacto agrícola destacado
David 1979 5 Sur y centro (Azua, Santo Domingo) Arroz, plátano, café, caña de azúcar
Georges 1998 4 Todo el territorio nacional Arroz, plátano, caña de azúcar, café
Irma 2017 5 Costa norte y litoral atlántico Plátano, arroz
María 2017 4 Zonas montañosas y nororientales Plátano, arroz

Estos huracanes dejaron pérdidas económicas considerables en la producción agrícola, sumando valores multimillonarios y profundizando la crisis de las zonas rurales. Sin embargo, la importancia de Georges también radicó en que, tras su paso, se consolidó en el país el Centro de Operaciones de Emergencias como principal órgano gestor para emergencias de este tipo.

El impacto reciente de los huracanes Irma y María en 2017

En 2017 el Caribe vivió, casi de manera consecutiva, el paso de dos huracanes de alta peligrosidad. En este caso, Irma mantuvo en vilo a la región norte, con vientos amenazantes, oleaje peligroso e inundaciones en varias localidades. Cuando apenas comenzaba la recuperación, la llegada de María volvió a activar las alarmas nacionales, acumulando en pocas horas lluvias que superaron los 200 mm y generando importantes deslizamientos de tierra, sobre todo en zonas de montaña.

Retos principales durante la fase de recuperación

En la etapa posterior a ambos ciclones, las autoridades y equipos de rescate tuvieron que enfrentar un panorama especialmente complejo. Cientos de viviendas resultaron parcial o totalmente destruídas, e incluso la red vial experimentó daños tan significativos que la movilidad y las operaciones logísticas sufrieron serias demoras.

¿Cuáles fueron las provincias más afectadas?

Las provincias de María Trinidad Sánchez, Samaná, Duarte y Espaillat recibieron el golpe más fuerte, especialmente debido a la combinación de lluvias excesivas y crecidas súbitas en zonas costeras y cercanas a ríos.

Durante la recuperación, las necesidades más urgentes se centraron en:

  • Reposición inmediata de servicios básicos como electricidad y agua potable, principalmente en comunidades rurales y aisladas.
  • Instalación y supervisión de albergues temporales para proteger a quienes debieron evacuar, procurando también la cobertura de alimentación y servicios médicos.
  • Reparación de carreteras dañadas para recuperar el flujo comercial y escolar, lo que fue esencial para la economía local.
  • Implementación de acciones de control de enfermedades transmitidas por el agua y por vectores, reforzando las campañas de salud pública.

¿Cómo nos preparamos hoy frente a la amenaza ciclónica?

Las experiencias vividas durante estos eventos han sido una lección invaluable. A raíz de los últimos huracanes, las estructuras de preparación y prevención han crecido notablemente, dándole al país una capacidad de respuesta mejor articulada y más profesional.

Evolución de las políticas de prevención y respuesta

La normativa local ha tenido que adaptarse. Hoy, una de las piezas clave es la Ley No. 147-02 sobre Gestión de Riesgos, que reúne los esfuerzos de organismos públicos, del sector privado y de la sociedad civil bajo el Sistema Nacional de Prevención, Mitigación y Respuesta ante Desastres. Este entramado legal asegura una reacción mucho más coordinada y planificada.

El COE, con su rol activo, se encarga de redactar manuales y rutinas concretas, entre las que se destacan:

  1. Diseño de rutas de evacuación y organización de salidas masivas cuando se anticipan amenazas.
  2. Identificación y equipamiento de refugios seguros, asegurando recursos básicos como agua, alimentos y medicinas durante todo el evento.
  3. Difusión de alertas tempranas y mapas de riesgo que faciliten intervenciones rápidas por parte de la población y de las autoridades.
  4. Impulso de redes comunitarias con líderes locales, quienes reciben formación especializada y promueven la autoprotección desde el barrio hasta el campo.

Todo ello representa una evolución sustancial si se compara con décadas anteriores, donde la reacción solía ser improvisada y carente de recursos adecuados.

Por supuesto, la geografía de la isla mantiene vigente la amenaza, algo que obliga a no bajar la guardia ante el cambio climático y sus efectos en los patrones de formación de ciclones. A pesar de estos riesgos, la sociedad y las instituciones han respondido apostando por una cultura preventiva y por la mejora continua de sus sistemas de protección civil.

La conclusión es contundente: la preparación, el cumplimiento de normas, la educación ciudadana y la actualización constante de protocolos son las herramientas más seguras que hoy tiene la República Dominicana para no quedarse a la deriva ante la próxima gran tormenta.

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