Noticia País, Santo Domingo.
Antes de formar su propia familia, Massiel Javier pasó madrugadas trabajando junto a su padre, un esfuerzo que todavía recuerda.

En una entrevista, recorrió su infancia, los estudios que cambió de rumbo, su experiencia en el modelaje y la vida que construyó con Octavio, con quien compartió el deseo de tener hijos.
Su relato también abordó las pérdidas que precedieron a la maternidad, una conversación que nunca olvidó y la educación de Eduardo, Nicole Marie y Enmanuel.
Massiel nació en Santo Domingo. Es hija de Ignacio Javier Martínez, oriundo de Cabrera, y Margarita Almonte, de Santiago. Es la menor de tres hermanos: un varón y dos hembras.

Creció en la zona oriental y, alrededor de los 14 o 15 años, su familia se trasladó a Los Ríos. Sus estudios y actividades requerían desplazamientos hacia otros sectores de la capital.
Estudió en el colegio Santa Teresita, en Gazcue, y cursó idiomas en APEC, donde se graduó. Sus últimos dos años de bachillerato los completó en Mi Colegio.
Al hablar de esa etapa, destacó el esfuerzo de sus padres para garantizarles educación y comodidad. Su madre permanecía en casa, dedicada al cuidado de los hijos.
Su padre trabajaba en una empresa que suplía alimentos y bebidas a hoteles, restaurantes y supermercados. Según contó, todavía mantiene jornadas que llegan hasta las siete u ocho de la noche.

«Él ama lo que hace», expresó al describirlo como un hombre trabajador. Recordó que le pregunta si no se cansa, después de tantos años de dedicación a sus responsabilidades.
La organización familiar incluía transporte privado. Una persona las llevaba a ella y a su hermana al colegio y regresaba por las tardes para trasladarlas a las clases de inglés.
Fuera de las aulas, disfrutaba patinar, montar bicicleta y bailar. Recordó las tardes con su hermana y una amiga llamada Cynthia, con quien conserva el contacto.
Las canciones de Gloria Trevi acompañaron esos recuerdos. Con un casete, ella y Cynthia prepararon coreografías para cada tema y cambiaban los pasos mientras bailaban y se reían.

«Pelo suelto» fue una de las canciones que mencionó. La marquesina de la casa se convertía en el espacio donde ambas ensayaban durante las tardes.
Años después, cuando Octavio jugaba en Chicago, le compró unos patines. Massiel intentó usarlos junto al lago, pero descubrió que ya no conservaba la misma habilidad de niña.
Los viajes a Cabrera, el pueblo de su padre, también marcaron su infancia. Como él trabajaba mucho, esas visitas eran una de las formas habituales de compartir los fines de semana.
Durante el trayecto escuchaban un disco de Julio Iglesias que su padre ponía repetidamente. La canción «La carretera» todavía la devuelve a aquellos recorridos familiares.

Al terminar el bachillerato, ingresó a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) para estudiar Ingeniería Industrial. Permaneció aproximadamente cuatro semestres.
Le atraían la administración y los procesos, pero, conforme conoció la carrera, comenzó a cuestionar su elección. Una experiencia con un profesor de dibujo influyó en esa decisión.
Según relató, el docente encargó reproducir una pieza a partir de una imagen. Ella pasó la noche dibujándola y llegó a clases satisfecha con el resultado de su trabajo.
La reacción del profesor la desanimó. Massiel recordó que él le dijo que había calcado el dibujo y le pidió repetirlo en un papel más grueso.

Contó que regresó a su casa llorando. Hizo nuevamente la tarea y, durante el examen final, el mismo maestro reconoció su capacidad y le exoneró la materia.
Aunque recibió ese reconocimiento, afirmó que la experiencia le hizo perder entusiasmo por la ingeniería. Finalmente, decidió cambiar de carrera y orientarse hacia la administración.
En paralelo, se había interesado por el modelaje. Se graduó en Barbizon y participó en desfiles y trabajos como maniquí viviente, una actividad que recordó con humor.
Entre esas experiencias mencionó una presentación para una tienda en Plaza Central. Explicó que el modelaje era una afición para la cual también se había preparado formalmente.

La música acompañó otras etapas de su juventud. Las canciones de Proyecto Uno, como «24 horas» y «Another Night», le recuerdan las fiestas de las promociones escolares.
También habló de su gusto por las baladas y los temas románticos. Mencionó a Luis Miguel y recordó una canción que Octavio le dedicó, aunque no logró precisar su nombre.
Contó que volvió a escucharla durante unas vacaciones en México con sus hijos. Una banda la interpretó en un restaurante y ella reconoció inmediatamente su vínculo con aquel recuerdo.

Su experiencia laboral comenzó, según recordó, alrededor de los 16 o 17 años, en la empresa de su padre. Allí se encargaba de facturar los pedidos de más de doce vendedores.
Combinaba el trabajo con sus estudios universitarios. Aclaró que no era la gerente y que ser hija del responsable de la empresa no significaba recibir un trato más flexible.
Por el contrario, aseguró que su padre era especialmente exigente con ella. «Tú tienes que dar el ejemplo», recordó como una de las frases que le repetía.
En diciembre, cuando aumentaban las ventas, podían salir a las tres o cuatro de la madrugada. Su padre descansaba apenas unas horas y regresaba a trabajar.

A ella le permitía dormir un poco más. Aquellas jornadas le dejaron el recuerdo de compartir responsabilidades con él y de observar directamente cuánto se esforzaba.
Massiel describió esa experiencia como una etapa valiosa de su relación. También contó que, después de casarse y dejar la empresa, algunos vendedores pedían que regresara.
Al hablar del ejemplo de sus padres, lo definió como un legado que debe cuidar. Dijo sentirse agradecida por su conducta y por la relación que mantiene con ambos.
Para ella, honrarlos no se limita a ofrecer ayuda económica. También significa conducirse de una manera que les permita sentirse orgullosos de sus hijos.

Los describió como guías, amigos y consejeros. Aseguró que en su hogar ella y sus hermanos recibieron buenos ejemplos y que sus padres son personas queridas y respetadas.
La decisión de casarse con Octavio llegó después de aproximadamente dos años de noviazgo. Él quería que lo acompañara durante la temporada, más allá de las visitas habituales.
Massiel le explicó que, para irse con él, debían casarse. Según recordó, Octavio respondió que esa misma noche hablaría con sus padres para formalizar la relación.
Cuando llegó a buscarla, sus padres estaban cenando en casa de una amiga. Ambos fueron hasta allí y, después de la cena, él pidió un momento para conversar.

El anuncio sorprendió a la familia, especialmente por el plazo. Cuando su padre preguntó cuándo querían celebrar la boda, Octavio respondió que en quince días.
Massiel recordó que su madre se retiró al baño, sobrepasada por la emoción, y que su padre derramó lágrimas. También les preguntó si estaban seguros de la decisión.
La boda se organizó en pocas semanas, en 2006. Según explicó, el equipo le concedió a Octavio una extensión de tiempo; él viajó primero y ella lo acompañó después.

Su salida del hogar cambió la rutina de su padre. Estaban acostumbrados a almorzar juntos y, según le contaba su madre, él lloraba y perdía el apetito al extrañarla.
También compartió un recuerdo de la carrera deportiva de Octavio: lo difícil que fue para él dejar Houston, una ciudad a la que se había vinculado profundamente.
Según relató, la llamó llorando cuando supo que no continuaría allí. Durante aquella conversación le puso un merengue que ella identificó como «Te quiero».

Después, el relato pasó al deseo de convertirse en padres. Antes del nacimiento de Eduardo, la pareja había atravesado la pérdida de un bebé y, posteriormente, de unos mellizos.
Massiel explicó que, durante el embarazo de los mellizos, comenzó a presentar contracciones a las 27 semanas. Durante una semana intentaron detenerlas, sin conseguirlo.
Fue necesaria una cesárea de emergencia. Según contó, la niña dejó de vivir al día siguiente y el niño una semana después, una experiencia que recordó al hablar de sus temores.
Cuando quedó embarazada de Eduardo, la incertidumbre seguía presente. Se preguntaba si lograría ser madre y si Octavio podría cumplir el deseo de tener una familia.

Recordó que él le decía que tenía fama, dinero y salud, pero anhelaba un hijo. Ese deseo estuvo presente en una conversación que sostuvieron en Chicago.
Ambos esperaban su primera consulta con el ginecólogo durante aquel embarazo. Allí, Massiel le hizo una propuesta que, según aseguró, expresó con absoluta sinceridad.
«Si este bebé no prospera, yo te voy a dar tu libertad», recordó haberle dicho. La respuesta de Octavio quedó entre los recuerdos que más destacó durante la entrevista.
«Si tú no eres la mamá de mis hijos, entonces yo no voy a ser papá», le respondió, según su testimonio. Massiel aseguró que nunca olvidó esas palabras.

El nacimiento de Eduardo, a quien llama su «niño arcoíris», reunió a abuelos y tíos. Describió la alegría de tenerlo en brazos y el agradecimiento que sintió.
Relacionó esa experiencia con su fe. Contó que, antes de quedar embarazada, había pedido a Dios la oportunidad de ser madre y le había dedicado los hijos que pudiera tener.
Después llegó Nicole Marie. Massiel pensó que la familia se quedaría con dos hijos, pues explicó que el período posterior al parto había sido difícil para ella.
Sin embargo, tras su boda por la iglesia, en 2018, sintió nuevamente el deseo de tener un bebé. Octavio le preguntó si estaba segura, porque ya tenían una pareja de hijos.

Así nació Enmanuel, a quien describió como la chispa de la casa. Destacó su sonrisa, creatividad y ocurrencias, que también disfrutan sus hermanos mayores.
Aseguró que el niño tiene gestos que le recuerdan a su padre, incluso comportamientos que, según ella, nunca llegó a verlo hacer. Durante el relato lo llamó «Octavio rubio».
Al hablar de la crianza, explicó que conversó con Octavio sobre cómo orientarían la educación de sus hijos. Afirmó que él respaldó sus decisiones y la acompañó en ese proceso.
Los definió como su mayor orgullo. Destacó su humildad, su comportamiento y la importancia que tiene la fe en la vida familiar.

Contó que Eduardo colabora en el área de multimedia de la iglesia y que Nicole Marie participa en actividades de servicio infantil. Enmanuel también la acompaña.
Cuando le propusieron escoger una canción para cada hijo, eligió una sola para los tres: «La bondad de Dios», por lo que representa su experiencia como madre.
En otro momento, recordó la facilidad de Octavio para compartir con los niños. Lo describió como una persona alegre, cercana y dispuesta a participar en sus juegos.
El entrevistador también compartió recuerdos de esa faceta. Mencionó sus bromas, ocurrencias y la manera en que se relacionaba con los muchachos fuera del terreno deportivo.

Massiel contó que, cuando le preguntaron qué inscripción quería para su lápida, pidió que expresara que vivió feliz y amó genuinamente.
Según su recuerdo, Octavio era amigo de todos y no acostumbraba expresar rechazo hacia otras personas. Destacó su forma de relacionarse y el afecto que ofrecía.
El entrevistador relató además una visita que le hizo durante una estancia en el Palacio de Justicia. Afirmó que, incluso en esa situación, conservaba la sonrisa y la cercanía con los demás.
Al finalizar, ambos dejaron planteada otra conversación sobre las facetas religiosa, educativa y emprendedora de Massiel, así como su trabajo para mantener el legado de Octavio.
